martes, 7 de julio de 2020

Eurydice



Te perdí en el momento  menos esperado
incomodo me siento a no tenerte acá a mi lado.
Me sofoco, me ahogo, no se puede sufrir tanto.
He perdido tu encanto, la protección de tu manto.

Fue rápida, directa y fugaz tu partida sin despedida
y en mi vida querida, tras tu ida, me has dejado una gran herida.

La Moira Ántropos ha producido una molestia innecesaria
con su cascaría le diría que mi alma sea su voluntaria
y que  Perséfone nuevamente te perdone y que hable con su esposo
el dios al que hay que ser más cautelosos, y menos ambicioso.
Con él le hablaría, le pediría, incluso le rezaría para que regreses
o a su defecto mi alma a mi cuerpo no vuelva más alinearse y agruparse.

Sé que la hija de Deméter y su esposo, me dio una oportunidad
y por mi desconfianza al mirar atrás, volviste a la lúgubre eterna ciudad.
Ahora mi música ha dejado de ser dionisiaca  a ser una melancólica armonía.
Y sin nuestra hermosa sincronía, mi vida se ha vuelto una triste monotonía
a cierto punto que se que  convierte en una sinfónica ironía
y de apoco sin nuestra eufonia, mi ser mi música se esta conviertiendo en afonía.
Hasta que llegue el día en que pueda asir tu mano y llevarte al Campo de Elíseo
sin antes, no haber peleado con el señor del infierno, como gladiador en el coliseo.

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